El mundo invisible de los gatos

Olfato, territorio y comportamiento

Hay cosas que nosotros no vemos

A veces un gato cambia de comportamiento y no encontramos ninguna explicación.

Huele durante minutos una bolsa que acabamos de traer. Inspecciona nuestros zapatos. Se frota contra una caja nueva. Evita un lugar donde antes dormía o parece particularmente interesado en nuestra ropa cuando regresamos de la calle.

Para nosotros, quizás, no cambió nada.

Para el gato puede haber cambiado muchísimo.

Las personas dependemos enormemente de la vista para reconocer nuestro entorno. Los gatos también la utilizan, pero el olfato tiene una importancia extraordinaria en su manera de interpretar el ambiente.

Donde nosotros vemos una habitación igual a la de ayer, un gato puede encontrar un escenario lleno de información nueva.


El olfato no sirve solamente para encontrar comida

Para un gato, los olores hablan.

Le aportan información sobre otros animales, personas, alimentos, objetos y lugares. También le permiten detectar cambios ocurridos en su territorio.

Por eso nuestras manos, zapatos, bolsos y prendas pueden transportar hacia la casa mucha más información de la que imaginamos.

Volver después de acariciar otro gato puede ser irrelevante para nosotros y muy interesante para el que vive en casa.

No necesita haber visto al visitante.

Puede encontrar su rastro.


La casa también es un territorio de olores

Para nosotros una casa está formada por habitaciones, muebles y objetos.

Para un gato existe además otra dimensión: la identidad olfativa del territorio.

Su cama, los muebles que frecuenta, sus mantas, las personas con las que convive y hasta él mismo forman parte de un ambiente conocido.

Cuando se frota con la cara o el cuerpo contra una persona, un mueble o una esquina, no necesariamente está pidiendo comida o solamente demostrando cariño. También está dejando señales químicas propias.

De alguna manera está haciendo que ese lugar sea más familiar.

Esto explica también su interés por cajas, bolsos, muebles u objetos nuevos.

Los huele, los recorre, quizás se frota contra ellos y después pierde el interés.

Ya obtuvo la información que necesitaba.


Cuando algo conocido huele diferente

Entender esta forma de percibir el ambiente ayuda a explicar algunas conductas desconcertantes.

Un ejemplo frecuente ocurre cuando conviven varios gatos y uno regresa del veterinario.

Puede traer olores de la clínica, medicamentos, desinfectantes, personas y otros animales.

Su compañero puede bufarle, mantenerse alejado o incluso reaccionar agresivamente.

No significa necesariamente que haya dejado de reconocerlo o que su relación haya cambiado.

El gato conocido volvió oliendo diferente.

En estos casos conviene permitir una reaproximación tranquila, sin forzarlos a estar juntos. Con el tiempo, los olores habituales del hogar vuelven a formar parte de ambos.

Algo parecido puede ocurrir cuando cambiamos un producto de limpieza, lavamos su manta preferida o introducimos un objeto nuevo.

Desde nuestra perspectiva pensamos:

“Pero si está todo igual.”

Desde la perspectiva del gato, quizás no lo esté.


Un sistema todavía más especializado

Los gatos poseen además el órgano vomeronasal, también llamado órgano de Jacobson, que les permite analizar determinadas señales químicas.

Esto explica una expresión curiosa: a veces huelen algo y quedan unos segundos con la boca ligeramente abierta, como haciendo una mueca.

Se denomina respuesta de Flehmen.

No está sorprendido ni disgustado.

Está analizando información que nosotros simplemente no podemos percibir.


¿Y qué tiene que ver todo esto con la alimentación?

Muchísimo.

Para un gato, comer no comienza cuando muerde el alimento.

Comienza cuando lo percibe.

El aroma participa de manera importante en el reconocimiento y aceptación de la comida. Por eso la temperatura, frescura y conservación pueden modificar su atractivo.

Esto es especialmente importante cuando queremos introducir una alimentación nueva.

Nosotros podemos pensar:

“Es carne. Debería gustarle.”

Pero el gato no analiza el alimento con nuestro razonamiento nutricional.

Primero debe reconocerlo como algo que vale la pena investigar y eventualmente comer.

Por eso, muchas veces, una transición gradual funciona mejor que un cambio brusco. Pequeñas cantidades permiten que el nuevo aroma aparezca progresivamente sin hacer desaparecer de inmediato aquello que ya conoce.

Incluso la temperatura puede influir: un alimento excesivamente frío suele desprender menos aroma que uno servido a una temperatura más cercana a la ambiental.


Algunas cosas simples que podemos hacer

Comprender la importancia del olfato permite evitar algunos errores frecuentes:

  • No cambiar simultáneamente alimento, comedero, cama y ubicación.
  • Evitar productos excesivamente perfumados en los lugares que frecuenta.
  • Permitirle investigar objetos nuevos sin forzarlo a acercarse.
  • No interpretar automáticamente el rechazo de un alimento como un capricho.
  • Mantener algunos olores familiares cuando hacemos cambios importantes en su ambiente.

No se trata de evitar los cambios.

Se trata de darle tiempo para reconocerlos e incorporarlos a su mundo.


Aprender a mirar con la nariz del gato

No necesitamos convertirnos en especialistas en comportamiento felino.

A veces basta con incorporar una pregunta.

Cuando nuestro gato reacciona de manera inesperada frente a una persona, un objeto, otro animal, un lugar o un alimento, antes de pensar:

“Está haciendo cosas de gato.”

podemos preguntarnos:

¿Qué cambió en los olores de su entorno?

Tal vez llegó una visita. Estuvimos con otro animal. Cambiamos el limpiador del piso. Lavamos su manta. Abrimos un alimento diferente.

O quizás ocurrió algo que nosotros ni siquiera podemos detectar.

Los gatos viven en la misma casa que nosotros, pero no necesariamente viven en el mismo mundo sensorial.

Nosotros reconocemos nuestra casa principalmente por lo que vemos.

Ellos también la reconocen por cómo huele.

Y detrás de muchas conductas que parecen misteriosas puede haber información que, simplemente, nosotros no podemos percibir.